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Retro old film stylized picture of Manhattan Bridge, NYC.

Los emigrantes valencianos en Nueva York también fueron alcaldes durante la República y represaliados en 1939

‘La guerra de sempre’ saca a la luz el reformismo que trajeron de América y la persecución que sufrieron al terminar la guerra

Los valencianos que emigraron hace alrededor de un siglo a Estados Unidos no solo trajeron dinero para comprar tierra y un estilo de vida más moderno. Muchos pueblos de la Marina Alta, de donde procedía más de la mitad de los emigrantes, tuvieron durante la República alcaldes y cargos importantes que habían trabajado en Norteamérica. Eran hombres con más bagaje que sus paisanos. Allí habían visto otra manera de vivir y de gobernar. Y por eso, al regresar y ser elegidos, quisieron aplicar en sus pueblos las reformas necesarias para que aquí hubiera más justicia, libertad e igualdad. Es uno de los resultados más llamativos del proyecto Del Montgó a Manhattan. Valencianos en Nueva York, impulsado por InfoTV y que aparece en el documental La guerra de siempre, el tercero de la serie, de 82 minutos de duración.

Pego, el Verger, Benimantell, Pedreguer, Gata, Tormos, Benissa, Beniarbeig, la Vall de Gallinera, l’Alfàs del Pi, Murla o Famorca son algunos de esos ayuntamientos gobernados desde 1931 por concejales republicanos y de izquierdas que habían aprendido en Nueva York que las cosas podían hacerse de otra manera. Militaban, efectivamente, en el Partido Socialista o en la Izquierda Republicana de Manuel Azaña, pero no pretendían implantar ningún modelo soviético revolucionario. Lo que tenían en mente era lo que habían visto en Estados Unidos: un capitalismo apenas matizado por la compasión y que no tendría hasta las presidencias de Franklin Roosevelt (1933-1945) ningún sistema público de pensiones o prestaciones por desempleo. Pero, aun así, ya era mucho más justo que el viejo sistema caciquil imperante en sus pueblos.

Aquellos pueblos conocieron en esos años reformas fiscales que hacían pagar más impuestos a quienes más tenían; escolaridad obligatoria hasta los 16 años frente al trabajo infantil; guarderías para los más pequeños para permitir el trabajo de los padres; pavimentación de calles y llegada de agua potable… Pero la guerra y la posguerra arrasaron con tanta buena intención. Y pese a la moderación que mostraron a partir del golpe del general Franco y a que intervinieron en algunos pueblos para evitar asesinatos de personas de derechas, todos los casos documentados en la investigación desembocarían en abril de 1939 en el exilio, en varios años de prisión o incluso en alguna ejecución, como la de Aquilino Barrachina, alcalde de Pego entre 1932 y 1939.


Una segunda oleada migratoria solo para nacidos en EE. UU.

La segunda parte del documental está dedicada a la posguerra, que generó una segunda oleada migratoria hacia Estados Unidos. Esta opción, sin embargo, estuvo reservada únicamente para aquellos jóvenes valencianos que habían nacido veinte o treinta años antes en Estados Unidos, en el seno de familias emigradas y posteriormente retornadas. Solo ellos, por tener derecho a pasaporte americano, tenían el acceso libre a su país de nacimiento. Y se marcharon, a pesar de las dificultades impuestas por el gobierno de Franco. Una vez llegaron allí, ya pudieron reclamar a sus familiares más próximos para empezar una nueva vida: la del sueño americano, lejos de la miseria política y económica de la España de la posguerra.


Un cuarto documental que completa esta tetralogía

Hay un cuarto documental que completa esta tetralogía, Els valencians d’Amèrica (88 minutos), que se estrenará a mediados de 2016, pero que ya está disponible en el DVD de doble duración que se ha editado y donde aparece también La guerra de sempre. Todos ellos están firmados por el periodista Juli Esteve, como guionista y director, y por Antoni Arnau y Esther Albert como responsables de la imagen, edición y postproducción.

En este cuarto documental nos centramos en la vida que han tenido todos los valencianos que se quedaron en América, tanto los que emigraron antes de 1920 como los que lo hicieron en la posguerra. Predominan entre ellos los obreros industriales de Connecticut, pero también hemos encontrado vivos a soldados que desembarcaron en Normandía, supervivientes del atentado de las Torres Gemelas, beisbolistas famosos, artistas de Broadway… En la mayoría aparece la nostalgia por la tierra que dejaron atrás, hasta el punto de que muchos, al jubilarse, regresaron aquí para siempre o viajaron de un lado a otro sin parar para atender, como mejor sabían, los dos mundos que conforman su identidad múltiple.

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